viernes, 1 de enero de 2010

THE BRIAN JONESTOWN MASSACRE - "Who Killed Sgt. Pepper?" (2010)



Para comenzar a hablar sobre “Who Killed Sgt. Pepper?”, el esperadísimo decimoprimer LP de The Brian Jonestown Massacre, recién lanzado oficialmente el primer día del año 2010, se hace tan indispensable cómo tentador hacer un flashback en el tiempo y contextualizar lo que los norteamericanos significan como banda y como influencia en el Rock actual, a 20 años exactos de sus nostálgicos primeros pasos en el año ‘90.

Podemos partir diciendo algo esencial y que, en muchos casos, se convierte en un práctico cliché en diversas bandas a lo largo de la historia: Así como Jim Morrison fue The Doors y Kurt Cobain era Nirvana, los oriundos de San Francisco le deben este mismo honor a su ícono, guitarrista y líder innato: el visionario, superlativo y rockeramente incorrecto Anton Newcombe. Un músico y personaje cargado de un aura hermosamente excéntrica y violenta y un discurso tan confrontacional cómo despreocupado, que se convirtió desde los inicios de la banda en su cara visible y una especie de anti-héroe contemporáneo posterior a la era de ídolos clásicos en el Rock and Roll. Concepto nunca buscado ni pretendido por Anton, pero que evidentemente enmarca y define en gran parte lo que The Brian Jonestown Massacre transmite y significa cómo actitud, postura ideológica o estilo de vida.

Bautizados así como un irónico tributo (como tantos otros títulos en sus canciones y álbumes) al legendario guitarrista de los Rolling Stones: el icónico Brian Jones, la banda de Newcombe llamó la atención en sus inicios por varios puntos: su sonido se enmarcaba refrescantemente bien entre un revivalismo rockanrollero y folk de los ‘60 y ’70, más un claro interés por la escena shoegazer al otro lado del atlántico y las corrientes neo psicodélicas que venían dándose desde los ’80 comandadas por bandas legendarias como Spacemen 3. Es así como luego de varios EP, lanzan el año ’95 una de sus piezas claves: el seminal “Methodrone”, un disco marcado por una energía desbordada de guitarras estridentes pero melódicas atmósferas o, en pocas palabras, un disco shoegaze al ruidoso estilo americano.

Luego de aquel debut, BJM comenzó a coronar una búsqueda que los identificaría inevitablemente como una banda inconfundible de sonido único e irrepetible: el neo-rollingstoniano “Take it from the Man” del ‘96, más las revolucionarias experimentaciones con cítaras y rítmos hindúes en “Thank God for Mental Illness” y “Their Satanic Majesties Second Request” ese mismo año, los definieron como símbolo de vanguardismo y creatividad, al mismo tiempo que quedaba en evidencia su rechazo a la industria mainstream y comercial, pues siempre se mantuvieron apegados a un sonido de no fácil digestión y sin participar de la escena oficial del rock alternativo más radial, ofreciendo siempre su música acompañada de una ecléctica declaración de principios tan violenta como poética.

A más de una década de aquellos tiempos, y luego de seguir sorprendiendo con discos que son considerados pequeños clásicos cómo el experimental “Give it Back” de ’97, el más masivo “Bravery, Repetition and Noise” de 2001, además de su último largaduración y uno de sus trabajos más sobresalientes, el maduro y exquisito “My Bloody Underground” de 2008 (donde se alejan aún más de los oídos populares para refugiarse en su amado y extraño ruido), los Brian nos regalan un disco sorprendentemente mestizo, sobrecargado de ideas lisérgicas, de un sonido sucio y a ratos difícil de digerir y de ese concepto post-hippie que queda de manifiesto en el fundacional título “Who Killed Sgt. Pepper?”. Como queriendo instaurar una nueva, posmoderna y activa sicodelia, alejada de la contemplación y el idilio sesentero.



Al igual que su placa predecesora, este disco está fuertamente influenciado por la reciente obsesión de Anton por Islandia, luego de un viaje que realizara el músico para grabar “My Bloody Underground” en 2008 y recogiera sonidos, imágenes y palabras exóticas que integró como un absurdo collage en sus canciones. Y además, se destaca por haber sido también grabado en Alemania con diversos músicos europeos, la influencia de ritmos gitanos del oeste y la participación de Will Carruthers, ex bajista de Spacemen 3 y Spiritualized. “Tempo 116.7 (Reaching for Dangerous Levels of Sobriety)” es el nombre del primer track del álbum, el cual tomado de su reciente EP “Smoking Acid”, comienza el viaje con una percusión tribal pseudo programada que llama la atención de inmediato por su lúdico y extravagante sonido, acompañado de un ruidismo guitarrero de baja intensidad y frecuencia. La dulce confusión continúa con el notable punto alto de “Let’s Go Fucking Mental”, una especie de noise pop pegajoso y sucio de bases extrañas que es imposible no terminar coreando y moviendo la cabeza para acompañarlo.

“This is the First of your Last Warning” es otro pilar dentro del disco, pues sorprende con la teatral voz de la vocalista Unnur Andrea Einarsdottir que canta melódicamente en islandés y recuerda extrañamente a canciones de anime japonesas, mientras las guitarras de fondo se pierden en una densa y saturada atmósfera acompañada de marcadas percusiones. Otro tema extraído del homónimo EP de 2009, “The One” es un profundo jameo hipnótico e intenso, mientras que “Detka, Detka, Detka” es quizás la canción más freak y llamativa de todas, cantada en ruso por el vocal de la banda Amazing Electronic Talking Cave, Felix Bondareff y dueña de un ritmo folk de tierras balcánicas muy ácido y exótico, que quiebra con toda lógica sonora y te hace sonreir extrañamente mientras recuerdas que estás ante una banda que nunca va a dejar de sorprenderte. “Feel it (Of Course we Fucking Do)”, otra versión extraída de un anterior lanzamiento, es la parte más melódica y oreja del álbum, la cual desemboca en los 10 minutos confusos y alucinógenos de “Felt Tipped-Pen Pictures of UFO’s”, un final intrigante que fusiona una hipnótica ambientación espacial con frases sin sentido que parecen extraídas de una graciosa e inspirada conversación influenciada por psicoactivos acerca de Los Beatles, la religión y los OVNIS.

The Brian Jonestown Massacre son de las pocas bandas activas en la actualidad que pueden decir que, después de 20 años de carrera, han acumulado más admiración, fascinación y respeto, que dinero y singles radiales. Han permanecido fieles a su espíritu underground, crítico e irónico, nunca han perdido esa actitud enérgica y disfuncional que los distinguió siempre ni aquella postura casi política frente a la música. Y de paso, han influenciado a un sinfín de bandas durante la última década y dejado huella en sus acérrimos y devotos seguidores a lo largo de los años, quienes los ven, merecediamente, como la banda contemporánea que condensa con un toque magistral de experimentación, toda la poética belleza de la distorsión y el exceso que siempre ha tenido el Rock en su interior.





jueves, 17 de diciembre de 2009

FUCK BUTTONS - "Tarot Sport" (ATP, 2009)




El dúo londinense Fuck Buttons lanzó el año pasado su impactante y sorpresivo debut “Street Horrrsing” bajo la etiqueta ATP, dejando con la boca abierta y un timbre en los oídos a la audiencia y la crítica. La inteligente y delicada mezcla de un noise eléctrico y estridente particularmente bien manejado, tintes de un drone progresista y seudo industrial, una actitud a ratos liberadoramente desgarradora y agresiva, más una producción musical realmente notable, hicieron de su sonido una delicia para los oídos con ansias de innovación.


“Tarot Sport”, su recientemente lanzado segundo trabajo, es una vuelta de tuerca a ese concepto inicial, pero conservando el espíritu y actitud esencial de la banda. Se trata de un disco más oreja, con un sonido aún más fino y manipulado, mejor producido y, sobre todo, una rítmica musical que a ratos perfectamente invita al deseo de bailar. El resultado de la fórmula es una dirección musical menos dura y chocante. No existen voces, ni gritos desgarradores ni momentos de suciedad abrasiva intensa como en su placa debut. Se trata de un álbum inteligente, llamativo por su propuesta sonora y dueño un concepto que evoca un eclecticismo seudo esotérico con un imaginario fantástico y casi metafísico.


El disco parte con “Surf Solar”, un tema simplemente sublime. Escuchamos un bassline profundo que bien podría ser trance, un tiempo agobiantemente repetitivo y mucho trabajo de perillas y efectos. En 10 minutos te sumerge en una especie de trance futurista lleno de ornamentaciones digitales y luces que provienen como de un viaje interespacial. Otro de los puntos destacables es "The Lisbon Maru", una pieza marcada por una percusión de platos metálicos que suenan casi tribales, que lentamente van saturándose por un ruido estridente pero melódico a la vez. "Phantom Limb" mezcla glitches y micro sonidos filtrados con sintetizadores ácidos al más puro estilo de Spacemen 3 en su etapa tardía, mientras que "Space Mountain" y "Flight of the Feathered Serpent", los dos temas finales que juntos marcan 18 minutos, se mueven entre la percusión monótona, el tempo encendido y una sensación de baile intenso pero meditativo.


Fuck Buttons pasó la prueba del segundo disco con sobradas distinciones. Más aun, nos dio otra lección y ejemplo de que el ruido puede ser bello y, además, puede bailarse. "Tarot Sport" termina siendo una obra casi épica, donde al final uno se encuentra gratamente consternado por su invación sonora y esa especie de meditación futurista en que te sumerge. Siendo así el silencio que irrumpe luego de la última canción, una especie de vació intrigante y extraño al final de un largo e intenso viaje.







martes, 15 de diciembre de 2009

THE FLAMING LIPS - "Embryonic" (Warner, 2009)



Durante la última década parece haberse olvidado que The Flaming Lips fueron, en sus inicios ochenteros (con discos como “Oh My Gawd!” “Telepathic Surgery” y “In a Priest Driven Ambulance”, ignorados por los fans de sus etapas siguientes), un símbolo de rock extravagante y políticamente incorrecto, heredero del punk, el garage y la sicodelia más ácida y desenfrenada. Tal como reza el título de una recopilación de estas primeras obras lanzado el 2002, llamado “Finally the Punk Rockers are Taking Acid”.


Antes de convertirse el año 93 con “Transmissions from the Satellite Earth” en un suceso pop con refrescantes ideas provenientes de su experiencia underground, los Lips eran los punketas hippies de moicas desarmadas y poleras floreadas, fervientes vividores del revival del LSD y dueños de un sonido y actitud frenética, un eclecticismo y energía que desbordaba de manera efervescente y caótica. Además de compartir en la segunda mitad de los 80 con bandas como Butthole Surfers y Mercury Rev (donde luego tocara el guitarrista Jonathan Donahue) el surgimiento de corrientes neo-sicodélicas con variadas influencias como la ola de experimentación que produjo el periodo post-punk.


Pero el tiempo pasa (y también las sobredosis y las clínicas de rehabilitación) y no en vano para los oriundos de Oklahoma, ya que tras vivir lo que llaman una “evolución musical”, la partida de varios integrantes y lanzar verdaderos sucesos comerciales aclamados por la audiencia del rock alternativo (y el no tanto) cómo el insigne “The Soft Bulletin” de 99 o el ultra radial “Yoshimi Battles the Pink Robots” el 2002, la banda liderada por el excéntrico pintamonos Wayne Coyne, termina de re-encariñarse con su esencia lisérgica y experimental tras tibios intentos en su álbum predecesor de 2006 “At War with the Mystics” y el DVD del año pasado “Christmas on Mars”. Si, ya que “Embryonic” es lejos el disco más psicodélico, sofisticado y ambicioso de la banda desde el épico “Zaireeka” de 97. Un notable y sorpresivo álbum doble con un radical retorno a sus orígenes, esa mirada en el psych rock de los 60 y 70 y una mística especial llena de ideas contemporáneas mezcladas gloriosamente en una especie de juguera ácida.


“Convinced of the Hex” abre el disco de manera perfecta indicándote que estás frente a algo distinto a lo hecho por The Flaming Lips en los últimos 12 años. Escuchamos guitarras chirriantes y ruidosas, tiempos nerviosos e irregulares y toda clase de adornos y parafernalia seudo barroca. Y a medida que avanzan los 18 temas que componen el álbum completo, uno no se cansa de encontrarse con variedad de sonidos (entre la experientación pysch pop, la sensibilidad retro y el vanguardismo de esta era) y una gama de detalles y recursos musicales interesantes que conforman una obra que va más allá del formato de álbum convencional y apuesta por una presentación extensa y compleja, casi conceptual. Llama la atención también los títulos y letras de los tracks, en una especie de imaginario entre esotérico y fantástico fusionado con un particular sentido de la ironía y lo lúdico. Destaca la emotividad de “Evil” e “If”, la notable nostalgia misteriosa y oscura de “Powerless” con ese sonido profundo y extraño, la lúdica y teatral “I Can be a Frog”, la percusión estridente y casi industrial de “Worm Mountain”, la excentricidad de “Aquarius Sabotage” o “Sagitarius Silver Announcement” y el final intenso y redondo de “Watching the Planets”.


Luego de escuchar “Embryonic” uno se siente satisfecho y, mejor aún, sorprendido gratamente. Es notable como una banda legendaria como The Flaming Lips sepa reinventarse musical y conceptualmente de manera sincera y con talento luego de más de 20 años sonando y sacando todo tipo de discos, para diferentes audiencias. Parecieran no tener que demostrarle nada a nadie a estas alturas, pero se dan el lujo de re-explorar sonidos aparentemente sepultados en su imaginario y de reencantar a antiguos fans con un toque de nostalgia. Y son de esas bandas de verdad que no pierden la frescura y las ideas con el paso de los años y que siguen entregando su sonido de manera honesta y con gran calidad. Al parecer, y para nuestro bien, aún hay Lips para rato.






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sábado, 12 de diciembre de 2009

LUCIANO - "Tribute to the Sun" (Cadenza, 2009)




El chileno Lucien Nicolet, alias Luciano, llamado junto a Ricardo Villalobos uno de nuestros embajadores electrónicos afincados en Europa hace largo tiempo, se atreve con un álbum lanzado bajo su propio sello Cadenza (con base en Suiza), y que resulta ser su trabajo más ambicioso, experimental y refrescante a la fecha.

Coincidiendo con la llegada de la época estival en el hemisferio sur, Luciano le hace una alabanza alegórica, multiracial y colorida al astro rey. En un disco que, alejado de la frialdad minimalista y el microhouse ortodoxo de Fabric 41, nos entrega desde coros de niños seudo angelicales (muy al estilo de Enfants (Chants) de Villalobos) en el tema que abre el disco Los Niños de Fuera, además de variedad de percusiones étnicas africanas (Sun, Day and Night y Celestial) y delicadas ambientaciones que hacen imaginar un ensueño de verano idílico y placentero con variedad de sabores de la tierra.

Luciano se toma su tiempo, alargando como le gusta los temas y sumergiéndote lentamente en un estado del que no puedes escapar. Una languidez luminosa y casi somnífera que hace sonreír, escalofriarse y bailar gentilmente. Hay espacio también para los basslines y sonidos minimal orgánicos característicos del sonido del chileno en Metodisima y Oenelogue, dos tracks más apegados al estilo que le conocemos y que no hacen más que darle versatilidad y unidad al disco, pues están perfectamente bien complementados con el resto del conjunto.

Luciano demuestra por qué se ha ganado la admiración de la escena electrónica mundial. Al igual que su compatriota Ricardo, su raíz mestiza más la influencia musical latina que los dota de un groove sabroso y el gusto por las percusiones étnicas han refrescado las fórmulas estrictas del techno y del house europeos con un nuevo aire de innovación que la audiencia disfruta y aplaude con fervor.

Una delicia de álbum, innovador y estilístico. Alejado de la pista de baile tradicional de club, pero íntima y gratificantemente cercano al aire libre, a la playa, al campo, al Sol. Para escuchar y bailar con el espíritu libre del verano.





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lunes, 30 de noviembre de 2009

MONOLAKE - "Silence" (Imbalance Computer Music, 2009)




El dúo berlinés Monolake (conformado por Robert Henke y Gerard Behles en esa época) lanzó el año 97 un álbum que, en estos días, es considerado un estandarte de la música electrónica. El brillante y sublime Hong Kong, engendrado bajo el alero del seminal sello alemán Chain Reaction, mezcló con una inteligencia y sutileza admirable los beats fríos y clínicos de la escuela del Techno de Detroit y el minimal de Berlín, con gentiles atmósferas y sonidos texturados hasta el infinito en una aproximación a la corriente IDM de mediados de los ’90. Y dieron así origen a uno de los proyectos electrónicos más influyentes, musical y conceptualmente, de las últimas décadas.

Hoy, doce años después de aquel debut y tras la partida de Behles para fundar y dedicarse a la compañía de software musical Ableton Live, Monolake es comandado en solitario por el cerebrito musical de Robert Henke, también desarrollador de Ableton y que está obsesionado con el estudio conceptual del sonido. A la par de artistas sonoros digitales cómo Alva Noto (Carsten Nicolai), Ryoji Ikeda o Ryuichi Sakamoto, el alemán posee una técnica y visión compositiva marcada por las corrientes minimalistas y conceptuales ligadas a la tecnología digital. En Monolake siempre se mantuvo una dirección melódica y etérea en los 90, pero fue mutando hacia un sonido más frío y matemático en la actual década, donde Henke aprovechó de echar a andar su proyecto homónimo en solitario para explorar inquietudes dentro del ambient y el drone.

Es así como luego de grandes discos cómo Cinemascope (2001) y Polygon Cities (2005), Monolake devela su nueva y esperada pieza sonora titulada de manera poderosa y tentadora: Silence. El propio Henke describe así, en su página web, sus inquietudes musicales: “Monolake se trata de complejidad. De Detalles. De la elástica tensión entre los beats en primer plano y los elementos de textura en el fondo”. El silencio, como bien decía el viejo maestro John Cage, no existe propiamente tal. Todo es música. Y en Silence esa parece ser la regla.

Un disco extremadamente cerebral, solo para aquellos con paciencia auditiva y gusto por las ambientaciones y las composiciones experimentales basadas en múltiples capas sonoras. El disco posee ligeros e inteligentes samples extraídos de anuncios de variados aeropuertos, sonidos de una antena de radio en Berlín, goteras de agua en un jardín botánico en Florencia, sistemas de aire acondicionado en Las Vegas, Frankfurt y Tokio; viento en el gran cañón, contestadotas telefónicas de amigos de Henke y grabaciones de trabajos de construcción en un túnel en Suiza, entre otros. Todo esto va magistralmente acariciado y envuelto en finas y transparentes capas de sonido orgánico y lentos beats seudo industriales, finos y metálicos. El disco completo es un magnífico y fluido viaje de frecuencias y ondas auditivas eternas, para escuchar con atención, a gran volumen y con audífonos cada mínimo detalle.

El berlinés lo deja en claro. Hay pocos que manejan el sonido digital y lo conceptualizan como él. Su música es un fiel reflejo de los tiempos en cuanto a experimentación artística y tecnología. Nos regala este nuevo álbum y nos da una lección: el silencio no es más que música.






miércoles, 11 de noviembre de 2009

ATLAS SOUND - "Logos" (Kranky Records, 2009)





El año pasado, Bradford Cox, un tipo prolífico y generoso con los fans en cuanto a mostrar su música por Internet, dejó por casualidad su cuenta de MediaFire abierta. Filtró parte de lo que sería el bonus disc “Weird Era Cont” del disco de su banda Deerhunter titulado “Microcastle”. También se escaparon descartadas versiones demo de lo que ya venía planificando en solitario en aquellos días: su segundo y esperado álbum titulado “Logos”, bajo el pseudónimo de Atlas Sound: su proyecto en solitario donde explora los sonidos netamente lisérgicos que tanto le gustan (y que no destacan del todo en el estilo de Deerhunter) y también los más experimentales, adornados con un toque de nostalgia sicodélica sesentera y acid folky.

Superado el impasse con los tracks filtrados, Cox dijo que el álbum sería totalmente distinto a lo que los fans escucharon y que sería alejado de su predecesor, el íntimo “Let the Blind Those Who can See but Cannot Feel”. Y la impresión fue mayúscula al comprobar cuan talentoso y sensible musicalmente puede llegar a ser el chico de apariencia nerd y esquelética figura quien sufre del síndrome de Marfan.

“Logos” es ampliamente superior al debut. Está mejor armado, se nota mayor crecimiento en lo musical y sobre todo, se respira un álbum profundamente inspirado y emotivo. Punto alto es, además, la inclusión de dos colaboraciones de lujo: Noah “Panda Bear” Lennox de Animal Collective, interpretando la lúdica y entrañable “Walkabout”, en la canción menos cercana al sonido de Bradford Cox y más familiar a lo hecho por Lennox en solitario, pero que destaca ampliamente en el disco. Además sobresale la aparición de Letitia Sadier, voz y lider de Stereolab, en otro de los temas ambiciosos y notables, llamado “Quick Canal”.

Este álbum es un estado anímico, espiritual incluso. Canciones como “The Light that Failed” y “An Orchid” evocan una melacolía de tarde veraniega lánguida y contemplativa. Una especie de rareza alucinógena, graciosa y escalofriante que hace reír, llorar y cerrar los ojos. Cox pareciera desplegar, libre y entregado, toda su colorida y fluorescente imaginación al fusionar tintes de un folk retro con sofisticados pasajes experimentales siempre acariciados por un aire psicodélico que a ratos lleva a imaginar a un Syd Barret de la nueva era. Cercanos en su extravagante imaginario ácido surrealista, lúdico, pseudo infantil y hasta irónico, pero distinguidos por el lenguaje posmoderno y ecléctico de Cox.

“Logos” es la quinta producción de Bradford en solo dos años, incluído lo hecho con Deerhunter. Se roba las miradas y los aplausos además de consolidarlo como un talento sobresaliente y una de las nuevas figuras y fetiches hipsters. Este nuevo disco de Atlas Sound es como una experiencia psicoactiva que se disfruta de principio a fin. Un álbum para ponerle play, recostarse en el pasto y escuchar bajo un sol caleidoscópico de verano.





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sábado, 7 de noviembre de 2009

"WARP20" (Boxset edition) - (Warp Records, 2009)





A la vez que en el mundo de la electrónica el destacado sello alemán de minimal techno, Kompakt, cumple 10 años y su par londinense Hyperdub, dedicado a las nuevas corrientes del Dubstep celebra 5, la seminal e invaluablemente influyente etiqueta inglesa Warp Records (quien nos visitara el mes pasado trayendo a Prefuse 73 y Plaid) hace lo suyo con un número que inspira respeto: 20 años.
Warp, para los no entendidos, es la casa paternal de Boards of Canada, Aphex Twin, Autechre, Nightmares on Wax y varios otros nombres fundadores de lo que con el tiempo se llamó comúnmente IDM (intelligent dance music). Música electrónica de tendencia experimental, ambiental, melódica y, generalmente, para escuchar en casa o fuera del club o disco.

La influencia de los artistas acunados en Warp es inmensa y podría hablarse de ella en infinitas líneas, pero basta con decir que cambió para siempre el rumbo de la electrónica: la sacó de la disco, la hizo no-necesariamente-bailable, “inteligente”, ecléctica y la llevo a otro público y oídos. Así que razones son suficientes para celebrar 20 años de marcar tendencias y hacerlo de forma tan magnánima. Con una edición de extremo lujo de esas que quedan reservadas solo a esos fans para los que la música es la prioridad en gastos monetarios: un boxset impresionante con un artwork lleno de fotografías, escritos y delicadezas para quedar loco y que cuenta de 5 partes fundamentales:

“Unheard” es una edición triple en vinilo de 10 pulgadas con temas inéditos recién lanzados de artistas Warp. Una delicia fresca donde sobresalen los temas de artistas contemporáneos como Flying Lotus, Elecktroids y Seefeel y clásicos cómo Plaid y Nightmares on Wax.

“Chosen”, una edición doble en CD, donde el primero consta de 10 temas de todos los tiempos elegidos por fans de Warp en su sitio web, mientras que los del disco restante son escogidos por el co-fundador de la etiqueta, Steve Beckett. Destacan clásicos como Windowlicker de Aphex Twin, Roygbiv de Boards of Canada y Gantz Graf de Autechre.

“Elemental” es un increíble CD mix con todo tipo de tracks existentes en el amplio catálogo de Warp a lo largo de su historia hecho por el prestigioso DJ y productor inglés Osymyso. Se encuentra desde LFO, Red Snapper y Prefuse 73 hasta Squarepusher, Broadcast y los neófitos de “!!!”. Una joya de set y sin duda una de las partes más rescatables de todo el boxset.

“Recreated”: se trata de una edición en doble CD con 21 canciones de artistas Warp versionadas por otros artistas Warp de manera inédita. Cabe destacar a Autechre versionando a LFO, Mira Calix con Oliver Coates haciendo un cover a Boards of Canada y Born Ruffians haciendo lo propio con Aphex Twin, entre muchos otros tracks interesantes.

“Infinite”, finalmente, es la parte más lúdica e interesante de todo este monstruo musical. Se trata de una edición doble en vinilo de 10 pulgadas con 50 loops tomados de canciones clásicas de artistas Warp que no sobrepasan los 5 segundos cada uno. Todos juntos forman una espectacular mezcla abstracta de sonidos muy al estilo moderno de click and cuts de artistas como Prefuse 73.

Este boxset es musicalmente una joya, un nectar, una delicatessen como pocas. Tendrás que esperar otros 20 años para oír algo así. Es esencial para cualquier amante de alguno de los artistas mencionados anteriormente. Para los que vibraron con el periodo noventero más nostalgico de Aphex Twin y Boards of Canada hasta los que deliran con los músicos vanguardistas que Warp ofrece actualmente. Y también es un punto de partida absolutamente perfecto para quienes quieran comenzar a introducirse en una gran parte de la historia de la música electrónica. Que abarcó dos décadas completas desde 1989 y no parece querer detenerse por ahora.







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domingo, 1 de noviembre de 2009

5: Five Years of Hyperdub (Hyperdub, 2009)




El Dubstep es uno los movimientos electrónicos más interesantes y versátiles nacidos en la última década. La fusión de ritmos provenientes del Drum n Bass, el UK garage, el 2-step, el Breakbeat, etc. refrescó los clubes londinenses reuniendo en un mismo lugar a rastafaris, raperos, ravers, etc. e hizo del “bajo” el elemento primordial en el sonido de su música. Pero el Dubstep nunca fue tan progresivo y abarcó tantos oídos hasta que el sello londinense Hyperdub decidiera apadrinar en el año 2005 a una de las figuras más enigmáticas, misteriosas y talentosas de los últimos tiempos: el superlativo William Bevan, en esos años solo conocido por su nombre artístico: Burial.

El niño prodigio de South London no reveló su identidad al lanzar su primer disco homónimo el 2006. No daba conciertos, no se conocía su rostro ni concedía entrevistas. Solo lo hizo al lanzar su segunda y sobre-aclamada placa Untrue el siguiente año, por la enorme presión mediática y de sus devotos fans. Publicó una sencilla fotografía en su myspace, reveló su nombre y redactó despreocupadamente unas escuálidas líneas donde explicaba que no le interesaba la fama ni el reconocimiento. Que lo único que quería era hacer algo de música y lo que importara fuera solo eso: la música. Así, los que criticaron que todo el misterio que rodeaba a Burial era una estrategia comercial, debieron callar ante tal sincera confesión y tan grandioso álbum.

Burial expandió la fórmula de cómo hacer el Dubstep. Mas bien creó un nuevo y único subgénero que solo existe en sus discos. Sacó esas melodías oscuras y profundas de los clubes y las instaló en los callejones llenos de pozas de agua, en los buses de medianoche y las esquinas solitarias de un Londres nostálgico y condenado a la soledad. Tomó beats que sonaban iconoclastas para el estilo, atmósferas demasiado ambientales y escalofriantes y muchos samples de voces de fantasmas, películas misteriosas e historias urbanas.

Luego del fenómeno Burial, Hyperdub comenzó a producir una gama de artistas influenciados por los nuevos horizontes que esta música divisaba, y que ya no era una fría etiqueta más de música de club y DJs, sino solo una base o una influencia para desplegar la creatividad de nuevas mentes. El mismo creador del sello, Steve Goodman (Kode9) y su proyecto Kode9 and the Spaceape, el hip hop experimental de Flying Lotus, las melodías inteligentes y vanguardistas de Zomby, Ikonica y Darkstar y el groove profundo de Mala y King Midas Sound destacan entre los dos CD de 32 tracks de este amplio repertorio de artistas que adornan el interesantísimo álbum conmemorativo de los 5 años de Hyperdub. 5 años de vanguardia, ideas rompedoras, mucho wooble bass y beats que nunca sabes hacia donde irán.

Y, finalmente, no se puede dejar de mencionar la canción que destaca inevitablemente en esta compilación: la conmovedora Fostercare. Si, de Burial. Un verdadero himno a la melancolía urbana, tan profunda y delicada que dan ganas de repetirla 20 veces. Un placer increíble y una tortura a la vez, pues lo que hace Bevan es dejarnos con el exquisito sabor dulce en la boca y pidiendo que el próximo álbum llegue pronto. Porque sus dos LP, sus cuatro EP y su magnífica colaboración con Four Tet de este año, parecieran aun no ser suficientes para los que realmente admiramos y nos deleitamos con la belleza de su música. Como el mismo dijo: lo único que importa.


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